Una tirada de tres cartas para jugar en pareja

Tres cartas, dos personas y unos veinte minutos. Este juego no adivina nada: usa los dibujos de la baraja para que cada uno cuente cosas que normalmente no cuenta.
Lo que hace falta
Cualquier baraja de tarot. Si no tenéis ninguna, una con escenas en todas las cartas, como el Rider-Waite-Smith, es más fácil para empezar, porque cada carta tiene personajes y se puede hablar de lo que hacen. También sirve un mazo de oráculo con dibujos que os gusten.
Y una mesa despejada. El móvil, en otra habitación.
Las tres posiciones
Se baraja entre los dos, se corta y se colocan tres cartas boca abajo, en fila. Se levantan de una en una, y para cada posición hay una pregunta.
| Carta | Pregunta |
|---|---|
| Izquierda: lo que ya tenemos | ¿Qué hay en esta carta que te recuerde algo bueno de lo nuestro? |
| Centro: lo que nos falta | ¿Qué ves aquí que te gustaría que hiciéramos más? |
| Derecha: lo que viene | Si esta carta fuera un plan para los próximos meses, ¿cuál sería? |
Primero contesta uno y luego el otro. Quien escucha no corrige ni discute: como mucho, pregunta «¿por qué eso?».
Un ejemplo
Supongamos que en el centro sale el Ocho de Bastos, que en el Rider-Waite-Smith son ocho varas volando en diagonal sobre un paisaje abierto. Uno puede decir que echa de menos hacer cosas sin planearlas tanto. El otro, que le recuerda a los viajes en tren de cuando vivíais en ciudades distintas. Las dos respuestas valen, y ninguna sale del libro de significados. Salen de vosotros.
No hace falta saber qué «significa» cada carta. De hecho, ayuda no saberlo.
Variantes
- Una carta cada uno. Cada persona saca una carta para la otra y explica por qué cree que le pega.
- Solo arcanos mayores. Con 22 cartas los dibujos son más llamativos y la conversación va más deprisa.
- Por escrito. Cada uno apunta su respuesta antes de decirla. Luego se comparan.
Cuándo parar
Si una carta toca algo que duele —una pérdida, una discusión pendiente, algo que uno de los dos no quiere tocar—, se deja ahí. Se recogen las cartas y se habla de otra cosa, o se habla de eso sin baraja de por medio. El juego funciona porque es ligero.
Cuando las conversaciones difíciles se repiten y no llegan a ningún sitio, el tarot ya no es la herramienta. Un psicólogo o un terapeuta de pareja sí lo es, y pedir ayuda a tiempo suele ahorrar mucho desgaste.
Para la próxima vez
Guardad las tres cartas apuntadas. Repetir el juego al cabo de unos meses y comparar tiene su gracia. Las cartas serán otras; lo interesante es ver qué ha cambiado en lo que contáis.
Si os interesa alguna carta en concreto, en Los Enamorados y el Dos de Copas hay preguntas pensadas para las dos.